La liebre y la tortuga
En un bosque lleno de flores vivía una liebre muy rápida. Le gustaba correr delante de todos y presumir de que nadie podía alcanzarla.
Un día, una tortuga tranquila le dijo que quería hacer una carrera. La liebre se rió mucho, pero aceptó pensando que ganaría sin esfuerzo.
Cuando empezó la carrera, la liebre salió disparada. La tortuga caminó despacio, paso a paso, sin mirar atrás y sin perder la calma.
La liebre, al verse tan lejos, decidió descansar bajo un árbol. Cerró los ojos un momento y se durmió durante más tiempo del que esperaba.
Mientras tanto, la tortuga siguió avanzando. Sus pasos eran pequeños, pero constantes, y cada uno la acercaba un poco más a la meta.
Cuando la liebre despertó, corrió tan rápido como pudo. Pero la tortuga ya cruzaba la línea de meta, feliz por haber confiado en su propio ritmo.
La constancia y el esfuerzo valen más que presumir.